“The Devils”: la película maldita que desató censura, escándalos y culto cinematográfico

Estrenada en 1971, The Devils, de Ken Russell, se mantiene como una de las producciones británicas más polémicas y significativas de los años setenta. Considerada la joya más extrema dentro de la filmografía libertina del director, la cinta ha trascendido por su fuerza artística y su carácter profundamente provocador, convirtiéndose en una pieza imperecedera del cine de culto.

Su mezcla de terror, histeria religiosa y un estilo emparentado con el subgénero nunsploitation consolidó su reputación como una obra que no teme romper tabúes.

The Devils arrastra una historia de censura tan intensa como su contenido. Existen al menos cinco versiones distintas, ninguna considerada definitiva. Mientras el montaje más extenso disponible comprende 117 minutos, se estima que la duración original rondaba los 158.

La llamada versión “uncut británica”, que reincorpora secuencias legendarias como La Violación de Cristo, es la más cercana al propósito inicial de Russell, aunque aún incompleta. Tanto Reino Unido como Estados Unidos reaccionaron con dureza ante su despliegue de blasfemias, sexualidad explícita y crítica religiosa.

INSPIRADA EN HECHOS REALES Y UNA NOVELA QUE SACUDIÓ A LA IGLESIA

Basada en Los demonios de Loudun, de Aldous Huxley, la película narra el caso del padre Grandier, sacerdote en una Francia del siglo XVII marcada por la peste. Enemistado con el cardenal Richelieu y señalado por sus relaciones sexuales y hasta un matrimonio secreto, Grandier termina acusado de brujería luego de que una monja obsesionada con él asegura estar poseída. Su convento completo replica la falsa posesión para precipitar su caída.

La historia, ya de por sí escandalosa, se potencia bajo la mirada excesiva, teatral y febril de Russell.

El proceso de filmación fue, según el propio equipo, tan desenfrenado como lo que se ve en pantalla. Se cuentan anécdotas sobre la conducta lasciva de algunos extras y un ambiente constante de provocación. El resultado es una cinta que combina delirio visual, sexo, violencia y crítica religiosa en un frenesí difícil de olvidar.

La recuperación reciente de escenas icónicas ha permitido que nuevas generaciones descubran su radicalidad intacta.

ENTRE EL ARTE, EL TERROR Y EL SURREALISMO HISTÓRICO

La película se nutre de influencias del cine de brujería, títulos de tortura inquisitorial y una atmósfera que remite a Dies Irae o Witchfinder General. Russell opta por una narrativa episódica, casi de mosaico, que privilegia la provocación estética sobre la fidelidad histórica.

Su diseño de producción —moderno, expresionista, claustrofóbico— revela la huella de Caravaggio, con cuerpos corrompidos y contrastes violentos. Escenarios como baños blancos al estilo ciencia ficción o procesiones de jueces encapuchados aportan una dimensión casi alucinada.

Las interpretaciones de Vanessa Redgrave, como la monja jorobada y atormentada, y Oliver Reed, en un papel visceral, amplifican el tono extremo de la cinta. Aunque la presencia del diablo no es literal, escenas con vómitos, blasfemias y un Spider Walk precursor del que luego retomaría William Friedkin en El Exorcista consolidan su estatus como referente del cine profano.

Un clásico prohibido que sigue causando incomodidad

The Devils permanece como una obra esencial del cine transgresor: una película que desafió a la Iglesia, a la censura y a su propia época. Hoy sigue despertando debate, fascinación y rechazo, confirmando que su capacidad para incomodar se mantiene tan vigente como en 1971.