Kentucky, EE. UU. — Mudarse a una nueva casa suele representar el inicio de una nueva vida. Pero para Liz y su familia, su llegada a una vieja granja en Kentucky marcó el comienzo de una pesadilla que los acompañó, despiertos y dormidos, durante más de un año.
Todo comenzó en el año 2000, cuando Liz, su esposo y sus dos hijos pequeños —de cinco y siete años— se instalaron en una propiedad rural que, según los vecinos, llevaba décadas deshabitada. A simple vista, era el típico escenario de campo: amplios campos, una casa de madera de dos pisos y un aire tranquilo. Sin embargo, desde la primera noche, algo comenzó a reírse en la oscuridad.
Una risa en la ventilación
Esa primera noche, Liz escuchó lo que describió como “una risa masculina proveniente de la ventilación del dormitorio”. Su esposo, medio dormido, no le dio importancia, pero Liz la oyó tres veces. Intentó convencerse de que eran los ruidos naturales de una casa vieja, pero esa risa sería solo el primer aviso de que no estaban solos.
LOS NIÑOS Y EL ORBE CON ROSTRO
Pocos días después, sus hijos comenzaron a comportarse de manera extraña. Corrían aterrados hacia su madre, asegurando haber visto “una burbuja con cara” flotando en su habitación. Lo llamaron el orbe.
Primero lo describieron como una esfera luminosa del tamaño de una pelota, pero con facciones humanas. Luego, dijeron que le había salido una cola y que flotaba por todo el cuarto.
Lo más perturbador era que su habitación estaba en el segundo piso, y sin embargo, aseguraban escuchar golpes en la ventana por las noches. Liz trataba de mantener la calma, pero empezó a escuchar cómo alguien pronunciaba su nombre cuando estaba sola.
Una casa que responde
Las semanas pasaron y los sonidos se multiplicaron: pasos en el techo, susurros, puertas que se abrían solas. Liz decidió convertir una de las habitaciones del piso superior en cuarto de juegos, pero evitaba subir; decía que el aire ahí se sentía “pesado”.
Un día, mientras los niños jugaban, algo los empujó. El menor salió despedido al suelo frente a su madre, como si una fuerza invisible lo hubiera lanzado. Fue el primer ataque físico documentado.
Poco después, un amigo de la familia visitó la casa. Apenas entró al cuarto de juegos, sintió un escalofrío y pidió bajar. Cuando lo hizo, corrió directo a la salida. “No sé qué pasa en tu casa, pero está embrujada”, le dijo a Liz antes de irse sin volver jamás.
Un fin de semana, la familia salió unas horas. Cuando regresaron por la noche, todas las luces de la casa estaban encendidas. El esposo de Liz subió a revisar y encontró los cajones abiertos, los objetos tirados y el enorme rompecabezas que los niños habían armado, roto y acomodado en formas imposibles. Faltaban piezas. Nadie había entrado ni forzado puertas o ventanas.
LOS SUEÑOS REVELADORES
Con el paso de los meses, Liz comenzó a tener sueños intensos y vívidos. Veía una familia —no la suya— sentada en círculo en el piso de una habitación, rodeada de velas. En el suelo, símbolos extraños.
En uno de esos sueños, las personas cantaban… y algo parecía salir del suelo.
Un detalle cambió todo: la habitación que veía en sueños era exactamente el cuarto de juegos de sus hijos.
El oscuro pasado
Tras investigar los registros locales, Liz descubrió que la granja había pertenecido a una familia en los años 70… hasta que murieron ahí. Los rumores hablaban de rituales y prácticas ocultistas. Nadie quiso comprar la casa después.
El terror llegó a su punto máximo cuando el padre de Liz fue a visitarlos. Prometió quedarse tres días, pero huyó la primera noche. “Escuché pasos y vi a una mujer. No puedo quedarme ahí”, dijo por teléfono.
En octubre de 2001, después de un año y cuatro meses de actividad paranormal constante, Liz y su familia abandonaron la casa para siempre.
¿CASA EMBRUJADA O UN PORTAL ABIERTO?
Las teorías abundan: algunos creen que Liz soñó con los antiguos propietarios porque los espíritus trataban de comunicarse; otros piensan que los rituales en el cuarto de juegos abrieron un portal que nunca se cerró.
La casa sigue en pie, deshabitada. Los vecinos aseguran ver luces encenderse solas algunas noches, y más de uno afirma escuchar, desde el camino, una risa masculina filtrándose por las paredes.
¿Te mudarías a una casa así si te la ofrecieran a mitad de precio?