El soldado que venció a los diablos… y desafió a la muerte

Tras 25 años de servicio, un soldado obtuvo su licencia y emprendió un viaje sin destino fijo. Con apenas tres galletas como provisión, su recorrido pronto se convirtió en una prueba de carácter: en el camino encontró a tres mendigos y, uno a uno, decidió compartir su escasa comida hasta quedarse sin nada.

El último de ellos, un anciano de cabellos blancos, no solo agradeció el gesto, sino que le ofreció una recompensa inesperada: una baraja con la que siempre ganaría y una alforja mágica capaz de atrapar cualquier cosa que el soldado ordenara.

Sin creer demasiado en la promesa, el exmilitar decidió probar la alforja al ver tres gansos en un lago. Bastó una orden para que las aves se introdujeran solas en el saco. Aquella experiencia confirmó que no se trataba de un engaño, sino de un poder extraordinario.

Con los gansos como moneda de cambio, llegó a una ciudad desconocida donde cenó en una taberna y conoció la historia de un palacio abandonado, supuestamente tomado por fuerzas infernales.

LA NOCHE EN EL PALACIO MALDITO

Ignorando las advertencias, el soldado solicitó permiso al zar para pasar la noche en el lugar. A pesar de los relatos de muertes previas, insistió y logró autorización.

Esa misma noche, el palacio se llenó de diablos que, entre gritos y juegos, lo retaron a una partida de cartas. Gracias a la baraja mágica, el soldado ganó una y otra vez, acumulando grandes cantidades de oro y plata. Cuando los demonios, furiosos, intentaron atacarlo, utilizó la alforja para atraparlos a todos.

A la mañana siguiente, no solo seguía con vida, sino que había capturado a las criaturas y amasado una fortuna.

El zar, sorprendido por la hazaña, lo acogió en palacio. El soldado se volvió rico, respetado y eventualmente formó una familia. Sin embargo, su historia no terminó ahí.

Cuando su hijo enfermó gravemente, recurrió a uno de los diablos que había retenido. Este le enseñó a usar un vaso de agua para ver la presencia de la muerte y determinar el destino de los enfermos. Así, el soldado se convirtió en un curandero reconocido.

UN PACTO IMPOSIBLE: SALVAR AL ZAR

Años después, el propio zar cayó enfermo. Al observar el agua, el soldado vio que la muerte estaba en la cabecera del monarca, señal inequívoca de que moriría. Ante la amenaza de ser ejecutado si no lo salvaba, el soldado ofreció su propia vida a cambio.

La muerte aceptó el trato. El zar sanó, pero el destino del soldado parecía sellado.

Cuando llegó el momento de su final, el soldado utilizó nuevamente la alforja para engañar a la muerte y atraparla. La colgó en lo alto de un árbol en el bosque, provocando un fenómeno insólito: nadie en el mundo podía morir.

Con el tiempo, esta aparente bendición se convirtió en un problema. Personas ancianas y enfermas sufrían sin poder descansar. El propio soldado comprendió las consecuencias de su acto.

LA LIBERACIÓN Y EL DESTINO FINAL

Movido por la culpa, decidió liberar a la muerte. Sin embargo, en lugar de cobrar su vida de inmediato, esta desapareció sin tocarlo.

El soldado regresó a su hogar y vivió muchos años más, disfrutando de su familia y su fortuna. Según se cuenta, solo recientemente encontró su final, como cualquier otro ser humano.

Este relato tradicional plantea una reflexión profunda: incluso con poderes extraordinarios, alterar el orden natural puede traer consecuencias inesperadas. La generosidad inicial del soldado lo llevó a la fortuna, pero su desafío a la muerte evidenció que hay fuerzas que no deben ser dominadas sin considerar el equilibrio del mundo.