Analizan en la BUAP el uso e impacto de las redes sociales

El doctor Martín Rodrigo Echeverría Victoria, especialista de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en Ciencia Política y Comunicación Social sugirió una regulación para los contenidos de redes sociales y otras plataformas digitales. La propuesta surge en un contexto de arraigamiento ideológico, polarización política y la divulgación de contenidos falsos.

De acuerdo con el investigador adscrito al Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (ICGDE), la duda sobre la veracidad de lo que se difunde es fundamental porque hay intereses detrás.

Además, refirió que la alfabetización es una línea de acción que ya se estableció en algunos países, dirigida especialmente a un público adulto que necesita interiorizar criterios para distinguir información falsa de la verdad.

México y América Latina están muy por debajo en el combate a la información falsa

Echeverría Victoria mencionó que redes sociales como Facebook o Instagram ya han implementado medidas de regulación en el caso de desnudos, contenido sexual o violencia explícita. Tomó de ejemplo también cuando otros países combaten la información falsa y comprobada que denuncia la propia ciudadanía.

Sin embargo, el investigador advirtió que en nuestra región —así como específicamente nuestro país— todavía falta un largo camino por recorrer en cuanto a la aplicación de medidas de regulación. “Lamentablemente en México y América Latina esto avanza de forma más cauta”, añadió.

El dilema de la libertad de expresión y los problemas de “alto riesgo”

Sobre el dilema de la libertad de expresión, Echeverría Victoria indicó que esa discusión ya tuvo lugar en Europa; no obstante, refirió que la prioridad fue proteger la integridad de los procesos electorales y el derecho a la información de las personas para no ser engañadas o manipuladas.

Al respecto, el especialista ejemplificó con casos más críticos: “Cuando el crimen organizado utiliza Instagram o TikTok para reclutar a jóvenes, bajo engaños de un empleo que al final de cuentas es trabajo forzado”, puntualizó, y calificó el escenario no solo como crítico, sino también “trágico”.

Según su argumento, las autoridades deben poner especial atención a estas problemáticas, porque son de “alto riesgo” y porque el derecho de los jóvenes a ser cuidados y protegidos es más “importante”.

Otros tipos de fraudes, engaños y estafas

El investigador se pronunció además por la regulación de los canales donde se ofrecen productos o servicios y que sólo sirven de gancho para posibles fraudes. El “vaso comunicante que hace llegar esa información debería tener controles”, indicó.

Asimismo, mencionó que la academia tiene aportaciones que pueden incidir de alguna manera con este tipo de propuestas, así como en la toma de decisiones de las personas que legislan sobre estos fenómenos.

“Es un constante trabajo de persuasión, acercamiento y aprovechar oportunidades, como la ley Olimpia”, declaró al referir que existen más complicaciones en la política o la industria, pues “no hay mucha apertura para abrirse al resultado de las investigaciones o propuestas de la academia”.

El papel de la IA en la desinformación

Por otra parte, Echevarría señaló que la inteligencia artificial, más allá se haberse ganado su popularidad por la producción de contenidos, “puede ser empleada como una herramienta sofisticada para perfeccionar la desinformación”, pues automatiza y acelera los procesos, tanto en cómo se producen los datos como en cómo se distribuyen.

Como ejemplo, habló de un reportaje publicado en el New York Times, en el cual se hablaba de una campaña montada por 2 mil 500 influencers en Instagram que ni siquiera fueron nunca personas reales.

“Tenían cuentas, cada una tenía miles de seguidores que generaban apoyo hacia MAGA (Make America Great Again) y Donald Trump. Todos esos seguidores existían, pero los influencers no”

La clave está en el pensamiento crítico

Si bien, el investigador insistió en que “la desinformación es masiva, cotidiana, manipula y genera casos críticos a nivel internacional e internacional, además de poner en riesgo procesos democráticos”, el ciudadano común tiene la última palabra al no compartir o dar ‘like’ a contenidos sospechosos.

“Podemos hacer algo desde nuestro celular, siendo juiciosos e intuitivos al compartir o no esos contenidos”, declaró, e hizo énfasis en la importancia de consultar fuentes y reforzar nuestro pensamiento crítico.