Por Abril Carro
Bienvenidos, queridos lectores, a la nueva sección de esta columna, nacionalista y estratégicamente llamada: “Hecho en México”. Hoy nos reunimos alrededor del fuego sagrado para hablar del examen de la UNAM. Buscando culpables, podemos deducir que no son varios problemas, sino uno solo.
En primer lugar, hablemos de lo más evidente: los alumnos que hicieron trampa. Pero, seamos sinceros, ¿quién, en México, no ha hecho una «inocente trampita» alguna vez? Subrayo lo de «en México», porque si le preguntas a cualquier extranjero sobre hacer trampa, te va a responder que en su país eso se llama «deshonor generacional» y, dependiendo del país, muchos te dirán que ese tipo de cosas se castigan con pena de muerte.
Aquí, la trampa es parte de la canasta básica; es el chilito que le da sabor al mole. Y el que no haya hecho trampa alguna vez, que aviente la primera piedra… Hasta tenemos un término coloquial para nombrar al que astuta y hábilmente se sale con la suya: es un Cabrón o un Chingón. Ojo, que en la RAE no lo definen exactamente así, pero en el barrio sabemos que eres un chingoncito cuando te quieres pasar de listo, y un cabroncito consumado cuando ya te pasaste.
Yo no soy quién para juzgar, porque en mi defensa y en la de ustedes, recuerdo a mi papá haciendo trampa en incontables ocasiones (no entraré en sórdidos detalles) y seguramente ustedes lo tuvieron que aprender de algún lado eso de salirse con la suya, ya sea de algún buen ejemplo o ya en la práctica cuando algún puerco les haya pedido la de Sor Juanita.
Sinceramente he usado infinidad de técnicas para el arte del copiado y también me ha tocado estar en el otro lado del mostrador: vendiendo respuestas y pasándoselas de chidas a mis compas los de la «Hermandad del extra dos», porque ya ven que resulta mucho mejor copiar en equipo y había que hacer potenciales aliados para los extras del próximo año.
Hasta aquí, uno se justifica. Yo pasé de creer que era lista por sacarle más provecho a las respuestas, a creer que era lista por copiarlas sin que me cacharan. Aunque el caso de los estudiantes de la UNAM es de otro nivel, porque dentro de toda la polémica estuvieron presumiendo su hazaña en TikTok e Instagram. Hay que ser bruto, eso se presume ya con la carta de aceptación.
Pero bueno, aquí no solo los estudiantes la regaron, y es que esta forma de vida, como les comento, se hereda; la tenemos impregnada como el masiosare. Los sociólogos, con sus palabras bonitas, le llaman corrupción sistémica. Y a la máxima casa de estudios le tocó bailar con la más fea, pues le pagó una suma millonaria a una empresa que, al parecer, también le hizo trampa; prometió tener como 20 mil filtros de inteligencia artificial para detectar a los tramposos, pero esos filtros quién sabe cuáles eran y no importa, porque nomás no funcionaron. Igual eso le pasa a la UNAM por confiar en una empresa mexicana que se llama “Territorium Life”.
Al final el examen se repetirá presencialmente porque nada supera al viejo y confiable profe dando vueltas como la muñeca del juego del calamar. Ante esta declaración, los que pasaron sin trampa o con trampa, obvio, no quieren que se repita; por eso surgió la llamada «Marcha de los Tramposos». Y sincera y personalmente yo también estaría en esa marcha, no por la trampa en sí, solo pensando en todo el trámite que tendría que hacer nuevamente.
Igual, a mi parecer y en conclusión a este tema, quiero tener fe en que las nuevas generaciones son considerablemente más inteligentes. Y no lo digo por lo que dicen las estadísticas de la «mejoría» del examen, sino por el hecho de que, con todos los millones que se le pagaron a esta empresa, no pudo detectar todas las trampas que hicieron. Por lo menos podemos decir que le saben a la tecnología; ya no usan acordeones de papel, sino trampas estilo hacker profesional.
Como sea, siempre se ha sabido que un examen no determina la inteligencia, así como una carrera no asegura que no termines trabajando como Uberto. Luego, si eliges como carrera Leyes, ahí es donde más cuaja todo ese asunto, porque aprendes a ser un tramposo profesional, y si quieres ejercer no hay de otra. Y no solo en leyes: para tener cualquier trabajo depende mucho más de qué tan bueno seas haciendo trampa y de a qué tramposa gente conozcas, que de tu promedio final.
En fin, el problema no es la trampa que hicieron los estudiantes, no es el mal trabajo que hizo la empresa “Vida del Territorio”, ni la licitación seguramente amañada que hizo la UNAM; es este maldito sistema corrupto. Y esta, es solo una carta de consuelo, porque todos, los implicados y los observadores, sabemos cuál es el problema, pero también sabemos que enfrentarlo está cañón, y que cualquier pena o castigo que se ponga es probable que nos sobornemos entre nosotros para evadirlos.