En varios países la euforia por las ofertas del Black Friday ha derivado en escenas de desorden desde que abrieron los comercios. En un centro comercial de Guayaquil, cientos de personas llegaron desde la madrugada para aprovechar descuentos; las rejas exteriores tuvieron que abrirse antes de tiempo debido a la presión que ejercía la multitud, lo que provocó empujones, disturbios y compras apresuradas.
Algo similar sucedió en Ciudad del Este —destino de miles de compradores de Paraguay, Brasil y Argentina—, donde la promesa de ofertas extremas generó una “estampida humana”, con caídas, empujones y escenas de caos al momento de abrir las puertas.
PELEAS, VIOLENCIA Y CONFRONTACIONES DIRECTAS
En más de una ocasión la competencia por los productos ha escalado a violencia abierta. En Estados Unidos, las compras masivas en centros comerciales han derivado en peleas entre compradores —una de las caras más conocidas del Black Friday—, con empujones, forcejeos y, en ocasiones, agresiones físicas directas.
En 2025, la apertura de tiendas en algunas zonas generó revuelo y aglomeraciones que se mezclaron con tensión social: en lugares donde predominaban descuentos profundos, muchos compradores desistieron o prefirieron optar por compras en línea, consciente del riesgo que implicaba acudir a tiendas físicas.
EXPECTATIVAS VS. REALIDAD: MÁS GENTE, PERO MENOS OFERTAS
Paradójicamente, aunque se esperaba una afluencia récord de compradores —con cifras históricas proyectadas para este fin de semana—, muchos de ellos reportaron una decepción: las rebajas no fueron tan atractivas como se anunciaban, y algunos comercios decidieron ofrecer descuentos moderados o incluso mantener precios regulares, debido a recientes aumentos en costos y aranceles.
Esto provocó que muchos compradores consideraran que el riesgo de las filas, el tumulto y la competencia no justificaba las pocas ganancias reales, incentivando una tendencia creciente hacia las compras en línea u ofertas anticipadas menos caóticas.
¿vale la pena el caos por un descuento?
El Black Friday expone un dilema: la búsqueda de “gangas” puede llevar a situaciones peligrosas, y muchas veces las ofertas no justifican el estrés. Cada vez más compradores evalúan si el ahorro real vale la pena ante el riesgo de empujones, aglomeraciones y violencia.
Quizás la “oferta ideal” no debería ser solo la más barata, sino la más segura.