El 22 de septiembre, Jorge González Rafael, estudiante de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, se arrojó a las vías del Metro Copilco. Tenía entre 20 y 25 años y pertenecía al Taller Juan O’Gorman. Su muerte ocurre en un contexto de tensión institucional: el mismo día, en el CCH Sur, otro joven fue asesinado por un compañero armado. Dos gestos extremos en un solo día, que interpelan la salud emocional y la seguridad en espacios educativos.
EL MENSAJE COMO SU DESPEDIDA
Antes de morir, Jorge dejó un mensaje que circula en grupos estudiantiles. En él, habla de desgaste físico y mental, de querer que lo recuerden con afecto, y de haber perdido sus peleas internas. Este texto no solo es una despedida: es un gesto que convierte su cuerpo en símbolo de presión, vulnerabilidad y afecto colectivo. La frase “vivan y luchen” se transforma en consigna para quienes quedan.
EL CUERPO ESTUDIANTIL
La muerte de Jorge activa una narrativa sobre el cuerpo universitario como espacio de exigencia, desgaste y exposición. La presión académica, la falta de redes de contención emocional y la invisibilización del sufrimiento se inscriben en su gesto. El Metro Copilco, punto de tránsito cotidiano para miles de estudiantes, se convierte en escenario simbólico de ruptura.
duelo colectivo La Facultad de Arquitectura publicó una esquela lamentando su fallecimiento. Pero más allá del gesto formal, la comunidad estudiantil ha puesto en el centro del debate la salud mental como urgencia institucional. La reputación de la UNAM como espacio formativo se ve interpelada por estos eventos.
La Facultad de Arquitectura lamenta el sensible fallecimiento de Jorge González Rafael, quien fue alumno del taller Juan O’Gorman. pic.twitter.com/LaB9KjXuOQ
— Facultad de Arquitectura UNAM (@faunam_mx) September 23, 2025