Fiel a su estilo provocador y desafiante, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se presentó este miércoles ante los líderes del G7 autoproclamándose “el jefe” durante una sesión de trabajo de la cumbre celebrada en la ciudad francesa de Evian. Cuando los mandatarios de las principales economías del mundo y representantes de países invitados ya se encontraban sentados alrededor de la mesa, Trump ingresó al salón, se detuvo al final de la mesa y lanzó una frase que no pasó desapercibida: “I am the boss” (“Soy el jefe”).
La declaración provocó risas entre algunos asistentes, mientras el mandatario estadounidense avanzó hacia su lugar con una amplia sonrisa y tomó asiento junto al anfitrión del encuentro, el presidente francés, Emmanuel Macron.
Más allá del tono aparentemente relajado, la frase refleja la forma en que Trump ha construido su imagen política tanto dentro como fuera de Estados Unidos: la de un líder que busca proyectar autoridad y predominio frente a aliados y adversarios.
Durante años, el republicano ha cuestionado organismos multilaterales, ha presionado a socios estratégicos para que sigan la agenda de Washington y ha defendido una política exterior centrada en la supremacía de los intereses estadounidenses.
DEL CRÍTICO DEL G7 AL PROTAGONISTA DE LA CUMBRE
Aunque históricamente ha mostrado poco entusiasmo por los foros multilaterales, en esta ocasión Trump llegó a Evian con una actitud más receptiva que en encuentros anteriores.
El mandatario incluso respaldó una declaración conjunta sobre Ucrania, un hecho que contrasta con episodios de su primer mandato, cuando llegó a romper consensos o a desmarcarse de acuerdos firmados junto a otros líderes occidentales.
El documento aprobado por los participantes incluye llamados a incrementar la presión sobre Rusia y destaca el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán bajo el liderazgo de Trump.
Al llegar a una sesión de trabajo sobre crecimiento económico del G7 en Francia, Trump dijo a sus homólogos reunidos: ‘soy el jefe’.https://t.co/LlYNwQWuGd
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Homenajes, regalos y trato preferencial
La influencia del mandatario estadounidense también se hizo notar en el ambiente de la cumbre. El canciller alemán, Friedrich Merz, le entregó una camiseta de la selección alemana con el número 47 y su apellido estampado.
Además, Macron lo invitó a prolongar su estancia en Francia para asistir a una cena privada en el histórico Palacio de Versalles, uno de los símbolos más reconocidos del poder monárquico europeo.
Trump no ocultó su entusiasmo por la invitación y elogió públicamente la riqueza del recinto.
“Versalles no es pan de oro. Es oro de verdad”, afirmó el mandatario estadounidense, quien volvió a colocarse en el centro de la escena internacional, esta vez presentándose ante sus socios como el hombre que considera estar al mando.