La más reciente película de Hirotaka Adachi, Stare, inicia con un golpe directo al espectador. En cuestión de minutos, somos testigos de las desconcertantes muertes de dos jóvenes japoneses, Kana y Kazuto, cuyas vidas se apagan tras escuchar el inquietante tañido de una campana. Ambos parecen sufrir un paro cardíaco, pero con un efecto secundario grotesco: una explosión ocular causada por una misteriosa presión intraocular. Este comienzo, seco y contundente, marca el tono de un filme que no pierde tiempo en sembrar tensión.
Tras las muertes, Mizuki y Haruo —amiga y hermano de las víctimas— se encuentran mientras intentan entender qué ocurrió. Pronto descubren un punto en común: Kana, Kazuto y una tercera amiga, Eiko, compartieron hace poco un viaje a un complejo turístico, donde se entretuvieron con historias de terror.
Allí, un empleado les contó una leyenda escalofriante: la de una mujer de ojos enormes que mata a cualquiera que conozca su nombre. Eiko, visiblemente perturbada, evita repetirlo. Su nerviosismo culmina en un intento de suicidio. Antes de perder la conciencia, apenas murmura una advertencia: “Shirai-san vendrá”.
UN ESPECTRO QUE ESTREMECE
La entrada en escena de Shirai-san confirma que no se trata de una amenaza abstracta. Su diseño recuerda al terror japonés clásico —especialmente a Ring—, pero lo lleva a un nivel extremo:
- Ojos enormes y completamente negros
- Boca manchada de sangre
- Manos perforadas atravesadas por campanillas
Es una imagen que combina tradición y exageración grotesca, y que logra renovar el miedo sin depender únicamente de sustos fáciles.
El número de muertos crece y el tiempo se agota. A Mizuki y Haruo se une Mamiya, una reportera decidida a destapar el origen de la maldición. Juntos siguen pistas que conectan viejas leyendas, miedos enterrados y errores del pasado.
Aunque varios giros resultan familiares para quienes conocen el J-horror, Adachi aprovecha esos elementos clásicos para construir un relato que nunca se siente agotado. A diferencia de Sadako —otro intento de revivir el mito del ojo maldito— Stare consigue mantener una atmósfera sólida, inquietante y escalonada.
UN TERROR MODERNO QUE SUPERA A SUS REFERENTES
La estructura recuerda inevitablemente a Ring… pero ese parentesco no la debilita. Por el contrario, Stare destaca al lograr que los elementos conocidos —la maldición, la investigación, el espectro femenino— se sientan frescos gracias a matices más intensos, un diseño visual perturbador y un ritmo narrativo que no decae.
El resultado es una cinta que rinde homenaje al terror japonés clásico, pero también demuestra que el género aún tiene espacio para reinventarse.
Stare es una experiencia inquietante, bien ejecutada y suficientemente original para dejar huella. Sus imágenes serán difíciles de olvidar, y su atmósfera mantiene la tensión incluso cuando la historia se adentra en terrenos conocidos. Para los amantes del terror japonés, es una cita obligada; para los recién llegados, una puerta de entrada contundente al horror que Japón sabe hacer mejor que nadie.