Kim Jong-un y el protocolo del miedo: limpieza total tras cumbre con Putin

Tras su reunión con Vladimir Putin en Pekín, el séquito de Kim Jong-un fue grabado retirando minuciosamente cada objeto que el líder norcoreano había tocado: el vaso del que bebió, la silla en la que se sentó, incluso la mesa de centro. Las imágenes, difundidas por el periodista ruso Alexander Yunashev, revelan un protocolo obsesivo por eliminar cualquier rastro biológico que pudiera ser analizado por servicios de inteligencia extranjeros.

EL BAÑO BLINDADO Y EL CUERPO COMO SECRETO DE ESTADO

Kim Jong-un viaja con un baño privado incluso dentro de su tren blindado, diseñado para evitar que restos como cabello o excremento puedan ser recolectados. Según fuentes citadas por el diario japonés Nikkei, Corea del Norte considera que la salud del “líder supremo” tiene un impacto directo en la estabilidad del régimen, por lo que protege su cuerpo como si fuera un archivo clasificado.

UN PROTOCOLO QUE VA MÁS ALLÁ DEL ENCUENTRO

Este tipo de medidas no son nuevas. En viajes anteriores, el personal de Kim ha limpiado habitaciones de hotel, utensilios y superficies. Nunca usa bolígrafos ajenos, y ha sido visto guardando el fósforo con el que encendió un cigarro, mientras su hermana sostenía el cenicero para recoger la colilla. Incluso cuando visita fábricas o instalaciones militares en Corea del Norte, se presume que lo acompaña su propio inodoro.

Este protocolo puede leerse como parte de una dramaturgia del poder. El borrado de huellas no solo protege la privacidad médica del líder, sino que escenifica su invulnerabilidad. En el ecosistema autoritario, el cuerpo del líder no envejece, no enferma, no deja rastros. Cada gesto cotidiano se convierte en símbolo: beber, sentarse, fumar… todo está coreografiado para reforzar la narrativa de control absoluto.