El resurgimiento del caso Jeffrey Epstein vuelve a sacudir a la monarquía británica. En medio de nuevas revelaciones judiciales difundidas en Estados Unidos, el expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor fue obligado a dejar Royal Lodge, la lujosa residencia que ocupó durante más de dos décadas en las inmediaciones del castillo de Windsor.
De acuerdo con medios británicos como The Sun y la BBC, el hermano menor del rey Carlos III abandonó la mansión antes de lo previsto. La propiedad, valuada en cerca de 30 millones de libras y con más de 30 habitaciones, fue desocupada de manera discreta y bajo el amparo de la noche, un gesto que confirma el deterioro de su posición dentro de la Casa Real.
Aunque desde octubre existía una orden formal para que dejara la residencia, la situación se aceleró tras la publicación de más de tres millones de documentos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, el mayor lote de archivos del caso Epstein divulgado hasta ahora.
La mudanza no pasó inadvertida. Vecinos y fotógrafos registraron el movimiento constante de camiones y contenedores retirando pertenencias de Royal Lodge. Días antes, Andrés fue visto paseando a caballo por Windsor, una imagen que, según fuentes cercanas al palacio, causó molestia en Buckingham. Para muchos observadores, la escena marcó el final simbólico de una prolongada resistencia a abandonar su antiguo estatus.

ROYAL LODGE, UN SÍMBOLO PERDIDO
La residencia, que perteneció a la Reina Madre, fue durante años un símbolo del estatus que el expríncipe se negó a perder, incluso después de haber sido despojado de sus títulos reales y apartado de la vida pública. Sin embargo, nuevas pruebas —entre ellas fotografías inéditas y correos electrónicos comprometedores— habrían encendido las alarmas en el Palacio de Buckingham.
Fuentes cercanas aseguran que el rey Carlos III está cada vez más preocupado por el impacto que el escándalo continúa teniendo en la imagen de la monarquía.
Fotografías y nuevas acusaciones
Las imágenes difundidas muestran al expríncipe en situaciones altamente controvertidas junto a una mujer no identificada. A ello se suman correos electrónicos que refuerzan la cercanía entre Andrés y Jeffrey Epstein incluso después de que el financiero fuera condenado por delitos sexuales.
Además, una segunda mujer aseguró, a través de su abogado, que fue enviada al Reino Unido en 2010 para mantener relaciones sexuales con Andrés, presuntamente en Royal Lodge.

NUEVO DESTINO FUERA DEL FOCO PÚBLICO
Tras abandonar Windsor, Andrés fue trasladado a Sandringham, propiedad privada del rey, donde se encuentra alojado de manera temporal en Wood Farm Cottage, una residencia apartada y fuera del foco mediático. Se prevé que, una vez concluidas las remodelaciones, se instale de forma permanente en Marsh Farm, dentro del mismo dominio.
Su exesposa, Sarah Ferguson, quien vivía con él desde 2008, también recibió la orden de abandonar Royal Lodge, aunque su futuro residencial aún es incierto.

PRESIÓN POLÍTICA Y ESTRATEGIA DE CONTENCIÓN
El escándalo ya trascendió los muros de Buckingham. El primer ministro británico, Keir Starmer, sugirió públicamente que el expríncipe debería testificar ante las autoridades estadounidenses, una postura poco habitual tratándose de un miembro de la familia real.
Desde el palacio, la respuesta ha sido fría pero firme: testificar sería ahora una “cuestión de conciencia”. Analistas coinciden en que obligar a Andrés a abandonar Royal Lodge es tanto una medida práctica como una estrategia de contención mediática.
Sin embargo, advierten que el daño ya está hecho. Lejos de Windsor, el expríncipe no ha logrado escapar del escándalo que lo persigue y que amenaza con seguir salpicando a la monarquía británica en uno de sus momentos más delicados.