Angela Lips, de 50 años, fue detenida en su casa de Tennessee mientras cuidaba a cuatro niños. Un sistema de reconocimiento facial basado en inteligencia artificial la vinculó erróneamente con una serie de robos en Dakota del Norte.
EL ALGORITMO QUE SEÑALÓ
La policía utilizó el software Clearview AI, que arrojó una coincidencia con su rostro. Un detective comparó su licencia de conducir con fotos en redes sociales y concluyó que era la sospechosa. Nadie verificó su coartada ni revisó pruebas básicas.
108 DÍAS DE INJUSTICIA
Angela pasó más de tres meses en prisión, hasta que se comprobó que durante los robos ella estaba realizando compras y gestiones cotidianas en Tennessee. Los cargos fueron retirados en Nochebuena, pero el daño ya estaba hecho: perdió su casa, su coche y hasta su perro.
Este caso no es aislado. Expertos advierten que los sistemas de reconocimiento facial deben ser herramientas de apoyo, no pruebas definitivas. La falta de verificación humana convierte las “pistas” en decisiones que pueden arruinar vidas.
EL PRECIO DEL ERROR
Hoy Angela vive con vecinos y depende de una campaña de recaudación que ya supera los 65 mil euros. Su historia reabre un debate incómodo: ¿qué pasa cuando un algoritmo se equivoca y nadie lo revisa?
