El Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), bajo la dirección de Anel Nochebuena, invita a la ciudadanía y a los visitantes a seguir disfrutando del Corredor de Ofrendas 2025, una de las actividades más representativas del festival La Muerte es un Sueño. Esta iniciativa, impulsada por el gobierno municipal encabezado por Pepe Chedraui, celebra la riqueza cultural del Día de Muertos a través de más de 30 altares distribuidos en espacios históricos, educativos y comunitarios.
GEOGRAFÍA DEL HOMENAJE
Este año, el Corredor reúne 30 ofrendas que pueden visitarse de manera gratuita hasta el 3 de noviembre. Están ubicadas en 24 puntos de la ciudad de Puebla, una en San Andrés Cholula, una en San Pedro Cholula y cuatro en juntas auxiliares: San Miguel Canoa, San Francisco Totimehuacan, Santa María Tecola y San Jerónimo Caleras. La distribución territorial convierte el homenaje en un recorrido afectivo por la memoria colectiva del estado.

ALTARES QUE NARRAN HISTORIA Y DEVOCIÓN
Cada altar rescata el simbolismo, la memoria y la devoción que caracterizan esta festividad mexicana. Entre los más destacados se encuentran:
- Palacio Municipal, dedicado a Juan de Palafox y Mendoza, figura clave en la historia de Puebla.
- Edificio Carolino, en honor a Melchor de Covarrubias y Cervantes, fundador del Colegio del Espíritu Santo, antecedente de la BUAP.
- Sindicato Estatal de Trabajadores de la Educación, con la ofrenda “Ayer lloraba por verte, hoy lloro porque te vi”, inspirada en Ignacio Manuel Altamirano.
- Preparatoria Emiliano Zapata, dedicada al Marqués de Monserrate.
- Escuela Estatal de Formación Judicial, en memoria de Domingo Pantaleón Álvarez De Abreu.
- Facultad de Artes BUAP, con su propuesta “El muerto al hoyo y el artista al gozo”.
- Sala de Regidores del Ayuntamiento, con la ofrenda “En petate o en petaca, de morir nadie se salva”.

RITUAL DE AFECTO Y CONTINUIDAD
Más que una exhibición, el Corredor de Ofrendas funciona como ritual público que activa la memoria, el arte y el afecto colectivo. El aroma a cempasúchil, el papel picado y las narrativas visuales convierten cada altar en un dispositivo simbólico que honra a quienes nos antecedieron y conecta generaciones a través del color, la devoción y la historia.
