El gobierno de China ordenó a sus empresas ignorar las sanciones impuestas por Estados Unidos vinculadas al comercio de petróleo iraní, en una decisión que marca un giro más agresivo frente a Washington. La medida apunta directamente a restricciones recientes promovidas por el presidente Donald Trump, que incluyen a la refinería Hengli Petrochemical, sancionada el mes pasado.
Aunque Pekín ha criticado históricamente las sanciones unilaterales, solía permitir que grandes corporaciones las acataran discretamente para evitar afectaciones económicas. Esta vez, sin embargo, la instrucción oficial rompe con esa práctica y eleva el riesgo de tensiones financieras entre ambas potencias.
Autoridades chinas justificaron la decisión al señalar que permitir “abusos” de este tipo pondría en riesgo la estabilidad de su cadena de suministro energético. La orden prohíbe explícitamente cumplir sanciones contra refinadores privados que comercian con crudo iraní, reforzando la postura de defensa de su seguridad energética.
Medios estatales, como el Diario del Pueblo, calificaron la medida como un “paso decisivo” contra lo que consideran una extralimitación legal de Estados Unidos en el ámbito internacional.
PRESIÓN SOBRE BANCOS Y SISTEMA FINANCIERO
La directriz coloca a bancos y entidades financieras en una posición delicada, al quedar atrapados entre las exigencias de Pekín y las posibles represalias de Washington. Instituciones que operan con empresas sancionadas buscan claridad regulatoria mientras se apoyan en alternativas como transacciones en yuanes para reducir exposición al sistema financiero estadounidense.
Además, China activó una herramienta legal implementada en 2021 para bloquear leyes extranjeras consideradas injustificadas, permitiendo incluso solicitar exenciones en casos de afectaciones severas.
RESPUESTA ESTRATÉGICA ANTE TENSIONES GLOBALES
La decisión se produce en un contexto de creciente presión sobre el sistema de sanciones estadounidense, que ya enfrenta desafíos en escenarios como Rusia, Venezuela e Irán. Analistas señalan que China busca ampliar sus herramientas económicas y reducir su vulnerabilidad ante medidas externas.
El gobierno de Xi Jinping también ha reforzado su control en sectores clave, desde materias primas hasta tecnología, evidenciando una estrategia más amplia para contrarrestar la influencia de Washington.
Aunque la medida no cancelaría una eventual reunión entre Trump y Xi, sí añade incertidumbre sobre el rumbo de las relaciones. Expertos advierten que una expansión de sanciones hacia bancos chinos podría provocar una respuesta aún más contundente de Pekín, intensificando la confrontación económica global.