Un guardia de seguridad privada fue agredido violentamente por el dueño de la empresa para la que trabaja, luego de cumplir con el protocolo de revisión de cajuelas. El hecho ocurrió mientras el guardia se encontraba en su hora de comida y en videollamada con su hija, lo que añade una dimensión emocional al acto de violencia.
PROTOCOLO COMO DETONANTE: LA REVISIÓN QUE INCOMODÓ
Todo comenzó cuando una residente del fraccionamiento se negó a que revisaran la cajuela de su vehículo, como parte del protocolo de seguridad. Más tarde, su esposo —presuntamente el dueño de la empresa de seguridad— regresó al lugar y agredió al guardia, quien no estaba en funciones en ese momento. El incidente fue captado en video y difundido en redes sociales, generando indignación pública.
VIRALIZACIÓN COMO DISPOSITIVO DE JUSTICIA SIMBÓLICA
El video del ataque circuló rápidamente en redes sociales, donde usuarios exigieron sanciones y justicia para el guardia. La viralización convierte el hecho en espectáculo de indignación colectiva, donde la reputación de la empresa de seguridad queda expuesta y la comunidad digital se convierte en actor de denuncia.