Carlos Manzo, exalcalde de Uruapan, Michoacán, fue asesinado el pasado 1 de noviembre de 2025. Su muerte generó indignación y se convirtió en uno de los detonantes de las movilizaciones convocadas por el colectivo Generación Z México, que busca denunciar la violencia y la impunidad en el país.
LA PRESENCIA DE LA ABUELA EN LA MARCHA
Durante la marcha realizada en Morelia y en la Ciudad de México, llamó la atención la presencia de doña Raquel Ceja, abuela de Manzo. En silla de ruedas y acompañada por manifestantes, portaba una playera con el nombre de su nieto y un sombrero, símbolo del llamado Movimiento del Sombrero. Su participación conmovió a los asistentes, quienes formaron una barrera humana para permitirle avanzar.
ACUSACIONES DIRECTAS
En medio de la movilización, doña Raquel acusó a Morena y al diputado federal Leonel Godoy de ser los responsables intelectuales del asesinato de su nieto. Declaró: “Morena lo mandó matar y Godoy, el de Lázaro Cárdenas, el que fue gobernador”. También pidió que se investigue al legislador morenista, asegurando que ella estuvo cerca del lugar del crimen y que su nieto había quedado de reunirse con ella.
Abuela de Carlos Manzo acude a la Marcha de la Generación Z en la CDMX
Al grito de justicia, varias personas rodearon y resguardaron a la abuela de Carlos Manzo, asesinado el pasado 1 de noviembre en Uruapan, Michoacán. “¡Carlos, escucha, esta es tu lucha!”, son parte de las… pic.twitter.com/sFhD2kkSL0
— Político MX (@politicomx) November 15, 2025
REACCIONES EN LA MARCHA
Las consignas de los manifestantes reforzaron el señalamiento: “Carlos no murió, el Gobierno lo mató”. La presencia de la abuela se convirtió en un símbolo de dolor y resistencia, amplificando el reclamo de justicia y visibilizando la violencia política que atraviesa Michoacán.
El episodio refleja cómo la Marcha de la Generación Z se ha transformado en un espacio donde convergen distintos sectores sociales para denunciar la violencia y la impunidad. La participación de la abuela de Manzo le dio un carácter profundamente emocional y simbólico, al vincular la protesta juvenil con la memoria de las víctimas y con acusaciones directas contra actores política.