Por Abril Carro
El controversial grito de Independencia de Alejandro Armenta.
Antes de que se termine septiembre hay que hablar de independencia y libertad. Y para esto hay que reconocer algo incómodo: el grito de independencia es un grito apócrifo. Con esta rebuscada palabra quiero decir que viene de lo ilegal, que es conversación de la otredad, de quienes no tienen el poder, de los oprimidos.
Es nuestro famoso curita Miguelito Hidalgo quien se sube a lo más alto de su iglesia, toca la campana para llamar la atención del pueblo y grita, y clama por la libertad, por la independencia, por lo justo. Por todo lo que no es, protesta por lo que debe ser.
Ya que contamos con el contexto histórico de este protocolo revolucionario, podemos decir que cuando cualquier presidente de la república o presidentA, gobernadxr o presi municipal se sube a dar el grito, lo institucionaliza. Porque si nos apegáramos a la lógica histórica, observamos que quien subió al estrado en 1810 no representaba al estado dominante, sino a aquellos que estaban en la lucha contra ese estado dominante.
Y en este mismo sentido, si quisiéramos representar correctamente este performance, el micrófono debería pertenecerles a todxs aquellxs con alguna causa; son quienes precisamente tendrían derecho a interpretar esta consigna. Desde un profundo anhelo de justicia es desde donde tendría que nacer ese grito.
Resulta irrisorio cómo la historia de México ha llevado a quienes tienen el poder a interpretar ese acto tan anti poder, tan pro revolución, tan pro protesta. Y siguiendo esta lógica, aunque ningún gobernador tendría o debería tener el derecho de ufanarse con estas promesas de libertad, se ha impuesto una tradición aburridamente bibliotecaria, porque se ha dejado a un lado el alma de este acontecimiento y se ha consagrado su representación como la adaptación de un hecho histórico más que como un verdadero performance de lucha.
No es hasta el gobierno de Andrés Manuel López Obrador cuando se empieza a permitir la adaptación de este grito a la contemporaneidad. Siguiendo con esa tradición, este año pudimos escuchar a Claudia Shembaum proclamar justicia para los migrantes y dignidad para el pueblo de México; una cachetadita con guante blanco, una hablada, como decimos los poblanos, para esas políticas trumpistas y racistas que tanto nos han afectado últimamente.
Sin embargo, este 16 de septiembre aquí en Pueblayork, cuando Armenta gritó a favor de las madres buscadoras, se sintió mucha incomodidad. No solo por el hecho de que quien está ejerciendo el poder, el estado dominante, estaba clamando por la demostración viva de la mayor incompetencia del gobierno actual; sino porque por un segundo se dejó a un lado el soso recuerdo histórico de esa antigua lucha y se revivió la indignación que nos corresponde. Se interpretó un grito contemporáneo, verdadero, tangible, temible.
La lucha por la independencia no debió ser algo bonito lleno de banderitas de México, sino una guerra cruel en donde el principal color fue el rojo. Erróneamente se piensa que el grito de independencia debe ser por las cosas que nos dan orgullo, igual debido a esta cultura que gira en torno al orgullo mexa, de hablar maravillas de nosotros y nuestro país por horas hasta el cansancio, sobre todo en cada protocolo gubernamental. El grito fue una protesta real y fue la representación de todo lo que estaba mal en ese momento histórico, y ese dolor profundo, esa incomodidad fue lo que nos motivó a la lucha.
El grito a las madres buscadoras es incómodo, sí, duele mucho, pero habla de la lucha que nos está tocando a nosotros: la lucha contra el sufrimiento que causan a nuestras familias las miles de desapariciones; la incansable búsqueda de una explicación, aunque esta sea una pala golpeando un cráneo en medio del desierto.
Mencionar a las madres buscadoras, aunque sea doloroso e incómodo, me parece un acierto porque se está reconociendo a este incómodo personaje como eso que es: un ente de lucha que busca la verdadera justicia y la verdadera libertad. Gracias, Gobernador Alejandro Armenta, por esa representación de lo que exactamente debería ser un grito por independencia de México.
Así que si se preguntan si las mujeres son aptas para cualquier puesto que involucre violencia, arriesgando incluso su propia vida; desde la lucha legal contra las instituciones corruptas y decepcionantes que no hacen su trabajo, hasta caminar por campos en medio de la nada, enfrentando los balazos en operativos e investigaciones que ni siquiera la procuraduría y el ejército juntos se atreven a realizar: la respuesta la dio el Gobernador este 16 de septiembre del 2026, nombrando en su discurso a las madres buscadoras y reconociéndolas como las heroínas que son.
Claro que las mujeres somos capaces y competentes, y al parecer somos las más interesadas en que cese la violencia que está matando a nuestros hijos. La respuesta está ahí: las madres buscadoras son un ejemplo de lo que el pueblo de México necesita: justicia y libertad; y precisamente buscando esto quedarán en la historia para siempre, esperando que con ellas quede el recuerdo de estas desapariciones como quedó en el recuerdo la esclavitud que padecimos más de 300 años: como un suceso oscuro y trágico en la historia de nuestro México.
VIVA MÉXICO, VIVAN LAS HEROÍNAS QUE NOS DAN A DIARIO PATRIA Y LIBERTAD, VIVAN LAS MADRES BUSCADORAS, ESE GRITO DE VIVA LES CORRESPONDE A USTEDES