Estamos a días de que comience la Copa Mundial de la FIFA 2026, donde Estados Unidos “le hizo el favor” a Canadá y México de albergar algunos pocos partidos e incluirlos entre los organizadores y sedes del torneo más importante del planeta.
México contará con 13 partidos: 5 en CDMX, 4 en Monterrey y 4 en Guadalajara. Y aunque los partidos son muy pocos, pues en total se jugarán 104, los problemas han sido muchos: la logística, la CDMX haciendo obras a marchas forzadísimas, los costos inalcanzables para el mexicano de a pie y ahora, la FIFA suma uno más: se queja de que en México hay mucha piratería en torno al torneo.
Y yo le pregunto a la FIFA y al Gobierno de México: ¿con qué cara se quejan?
Vamos a ver. La camiseta oficial de la selección mexicana de fútbol va desde los 2 mil pesos en la versión aficionado, mientras que la versión jugador ronda los 3,200 pesos, sin estampados. Porque, claro, si quieres ponerle nombre y número, por supuesto que el precio aumenta.
El salario mínimo diario en gran parte del país es de 315 pesos, unos 9,528 pesos al mes aproximadamente. Es decir, un jersey original de la selección mexicana le cuesta a alguien casi una tercera parte de su salario mensual. Esto, sin considerar que hay mucha gente que no llega ni al mínimo mensual.
En cambio, el jersey clon pirata de la selección ronda entre los 200 y 300 pesos. Si un padre de familia, con dos hijos y su esposa, desea comprar jerseys para ver los partidos de México, por los cuatro gastaría alrededor de 900 pesos: ni la mitad de lo que cuesta la versión austera de la original.
Otra de las quejas de la FIFA en México han sido las transmisiones piratas para ver los partidos, pues han tomado mucha popularidad páginas en internet donde puedes ver el fútbol gratis. Y es que, ¿cómo no? Si para ver el Mundial te venden una suscripción de 400 a 800 pesos en Vix para ver un mes de fútbol.
Y a ver, vamos a ver: usted, querido lector, me dirá que 400 u 800 pesos por ver 104 partidos de fútbol no es demasiado. Y sí, tal vez no lo sea. Pero ¿cuántas familias en México prefieren utilizar ese dinero para cubrir sus necesidades básicas? ¿Y por eso les vamos a prohibir ver el Portugal-Colombia?
A todo esto, la FIFA, llena de quejas y amarguras en México, también se ha quejado de la proliferación de piratería en artículos extra que usan el logo del Mundial, incluido el álbum de estampas de Panini. Esto lo dejé al último porque, si bien todo lo mencionado no es una necesidad básica, creo que el ocio es un derecho humano. Tenemos derecho a ser ociosos, a entretenernos, a tener hobbies, a ver y vivir el Mundial sin importar demasiado qué es o qué no es original.
El álbum de estampas Panini del Mundial es absurdamente caro. Consta de 998 estampas; el sobre con 7 cuesta 25 pesos; la caja con 100 sobres, es decir, 700 estampas, cuesta 2,500 pesos. Y suponiendo que tienes la mejor de las suertes del mundo, que no te sale ninguna repetida y que las 700 son diferentes, aún necesitarías 298 estampas más. Con la mejor de las suertes, llenar el álbum cuesta 3,500 pesos.
En internet ha surgido un archivo PDF con todas las estampas listas para imprimirse.
Y no me malentiendan: no estoy promocionando la piratería ni justificándola. Pero sí justifico al mexicano de a pie que, acorde a sus necesidades, busca cómo ser parte de la fiebre mundialista. Y repito, citaré a un buen amigo: “el coleccionismo —en este caso, el Mundial— no es canasta básica”. Pero ¿quién se cree la FIFA para decir que si tienes dinero tienes derecho y si no, no?
El fútbol ha perdido esa magia, esa esencia de ser el deporte de todos y para todos; un deporte democrático donde no importaba cuánto dinero tenías, solo necesitabas un balón —o algo que se le pareciera— para sentir que estabas jugando el Mundial.
Ahora se ha convertido en una cosa rara, donde si tienes un jersey clon eres el malvisto de la cancha; donde hay que pagar cifras absurdas por ver los partidos; donde ir al estadio es un lujo; y donde encima la organizadora de todo, la FIFA, te acusa de no tener el dinero suficiente para ser digno del fútbol.
Y eso, amigos míos, está matando la magia del fútbol.