MADRES

Por Abril Carro

Sobre todo el trabajo que implica ser mantenida y el futuro de la maternidad.

No me gustaría regresar a la infancia. Apenas leí que el término infancia deriva del latín infantia, que significa «incapacidad para hablar». Hoy existen muchas ideas de crianza que combaten el adultocentrismo, por eso se usa más «niñez». Pero eso es modernísimo. Nuestros bisabuelos a los 5 años ya trabajaban 12 horas seguidas. No fue hasta los 60 que se empezó a hablar de «derechos de los niños… y sí, también de las niñas»

Y aunque cuando yo nací esos derechos ya existían, por pura biología: depender de alguien para sobrevivir es durísimo. Imagínate estar todo cagado hasta que alguien te cambie, o tener hambre y sed sin poder servirte, teniendo que llorar como desesperado para que te hagan caso. ¿De verdad creen que a los bebés les gusta llorar?

Además, seamos sinceros: casi nadie tiene el privilegio de una familia «tradicional» como la de José, María y el niño Jesús. En México, el 44% de las madres crían solas a sus hijos, según la ENOE 2024. Y de ese porcentaje donde el padre sí está presente ¿Cuántos no vivimos violencia económica, psicológica o hasta física? Lo reflejan memes en donde nos reímos porque crecer con un padre resultó peor que haber crecido sin uno.

Por eso hay que deshacer mitos como el de las «mujeres mantenidas». Ay, qué bonito suena: mantenida. Como si te despertaras y te cayera un sueldo por ser bonita. La mayoría de las mujeres que conozco han tenido que trabajar en empleos informales, con pésimas condiciones y sin seguridad social, y además limpiar la casa, cocinar, lavar, cuidar niños… mantener el hogar, vaya.

Me acuerdo mucho de una conversación con un amigo, afligido me comentaba lo duro que era mantener a su novia, con quien vivía. – ¿Ella te cocina? –Sí. – ¿Te lava? –Sí. – ¿Limpia la casa? –Sí. – ¿Y aparte te ayuda con la administración y el despacho legal? –Sí. – Entonces la mantienes, pero trabajando, JAJAJJAJAJA hubieran visto la cara que puso, les juro que me estaba aguantando la risa porque este es un tema serio. Mi amigo es un buen tipo, al otro día llego con la noticia de que había vuelto a su novia “socia en el despacho”.

Y este es el gran tema del que nadie hablaba: uno se despierta y ya tiene el outfit lavado, el desayuno hecho y la casa limpia. Parece magia, pero es «el amor» que damos por sentado, detrás hay horas y horas de trabajo gratuito. Según el INEGI, equivale al 23.9% del PIB. O sea, las señoras de la casa producen más que todo el comercio (18%).

A mí no me gustaba la infancia porque, además de no tener voz ni voto, yo era la responsable del hogar. Como hermana mayor, ese es el destino de muchas: mientras mis papás salían a ganar la papa, yo la tenía que preparar, dársela a mis hermanos, llevarlos a la escuela, lavar, limpiar… Todo «de mil amores», claro. Y te prepara para la vida, sí, pero también te abre los ojos.

Imagínense si de infante es duro lidiar con la dependencia: ser mantenida y dar tu vida por 0 pesos mientras dependes de alguien para tu ropa, comida y salud… y que te digan «no hay dinero para eso». ¡Qué espanto! Incapaz no solo de hablar, sino de necesitar. Y como colmo, que el 10 de mayo te regalen una lavadora «para que trabajes con más gusto». No, por favor.

Gracias a mi primera beca, empecé a buscar trabajo. Descubrí que el dinero no da la felicidad, pero da para comprar pizza sin pedirle permiso a nadie. El trabajo me liberó de ese destino que, a estas alturas, todavía parece la fantasía de muchas personas. Sinceramente, no entiendo esa fantasía: yo lo viví y parecía más explotación rayando en esclavitud.

El trabajo me ayudó a ser libre. Y claro, conlleva otro tipo de explotación, pero esa es nuestra lucha de los próximos años. Hay que reconocer el aumento del salario mínimo con Morena y el avance de las 40 horas… sí, andamos «disfrutando de lo votado», pero no perdamos de vista el objetivo: Noruega, Dinamarca y Finlandia.

Nosotros estamos lejos de la verdadera dignidad laboral. Mientras rogamos por 40 horas (tenemos de las peores jornadas de la OCDE), allá trabajan 36, con 32 días de vacaciones y 26 semanas de baja maternal totalmente pagadas.

En Suecia, el 50% de las mujeres tienen y crían solas a sus hijos. Pero no como en México, en donde te abandona tu marido y no te queda de otra que criar con un chingo de carencias y esfuerzos sobre humanos. Allá es una decisión consciente: los espermatozoides te llegan en un mini congelador a tu domicilio, como si pidieras sushi por app. Y la crianza funciona porque la economía respalda la maternidad.

Muchas mujeres en el mundo están decidiendo no maternar. Los gobiernos, preocupados por un ejército de ancianos y el colapso económico, intentan convencerlas con incentivos económicos o revocando el derecho al aborto. Medidas desesperadas e ineficientes, porque lo que se necesita son condiciones laborales dignas para las mujeres, para las madres.

Ahora que las mujeres al fin conseguimos ser dueñas de nosotras mismas y entrar al mercado laboral formal, nos tienen que llegar al precio. Porque se necesita que produzcamos contribuyentes para que la economía no se colapse. Y personalmente para que me convenzan de ser madre, la verdad sí me gustaría que me alcanzara para mantener a alguien. Porque por ahora cuando llego a casa después del jale y la señora de la limpieza no limpió bien ni cocinó… pero no puedo reclamar, porque yo soy la señora de la limpieza.