Los dos enemigos públicos de los poblanos

Por: Abril Carro

Los poblanos tenemos dos enemigos públicos: el primero es el Cablebus, el segundo son los separadores viales de la ciclovía. Parecen objetivos lejanos, pero hay una relación evidente y contundente. Los poblanos tenemos un serio problema de movilidad.

Ahora, cuando digo problema de movilidad no me refiero a los cochistas y al criterio nacional de que manejan de la chingada,—ese que dice que la prepotencia del poblano promedio se refleja en su forma de conducir, y no les falta razón— sino al otro grupo poblacional, porque de acuerdo con datos del INEGI, el 88% de los poblanos dependemos del transporte público.

Desde principios de esta administración se evidenció cómo el exgobierno panista había dejado a la ciudad completamente abandonada. Primero fueron las mentadas de madre contra los baches, luego el paro de autobuses enojados porque —oh sorpresa— sus cacharros no pasaron la verificación.

Hasta ahora sí ha habido respuesta por parte de este gobierno, por lo menos no ha sido la respuesta de Samuel García cuando dijo que él “solo es el gobernador”; incluso el Cablebus en algún momento fue parte de esta respuesta. Pero hay que admitirlo: fue una respuesta más apresurada que mi tío cuando le tocan las palabras de la cena de Navidad. Me imagino al equipo de infraestructura diciendo “pa pronto, que atraviese por todas las áreas verdes que se pueda para no generar más gasto público y chinguesumadre”.

 

Con lo que no estaban contando es que la ciudadanía ya no es la misma de antes; desde que tenemos internet empezamos a ser mucho más conscientes —y sí, esta consciencia es gracias y sobre todo debido a los memes, — porque realmente detrás de la molestia hacia ese inocente y lindo Cablebus se puede vislumbrar un coraje de proporciones mayores debido a las pésimas condiciones en las que se encuentra la ciudad en torno a la movilidad sostenible.

Y es que el verdadero problema empieza cuando las personas que toman estas decisiones no tienen que bajarse de sus coches, porque si lo hicieran podrían ver cómo afuera no hay aire acondicionado y podrían sentir en la mollera el calor tan hijo de puta que ha aumentado considerablemente derivado del calentamiento global.

No es que seamos jipis —que sí, somos jipis la verdad—, es que realmente el medio ambiente es un tema central en la movilidad. El enojo ante el Cablebus no es por la tala de unos cuantos árboles, es porque la gente está desesperada y muy deshidratada tras exponerse continuamente a los rayos del sol. Porque aquí no hay sombra, no hay banquetas dignas, no hay un pinche lugar donde sentarte sin que te quieran cobrar un refresco.

No necesitamos que planteen esos pocos árboles que van a quitar por el Cablebus, necesitamos un proyecto integral que reforeste la ciudad de Puebla, más proyectos verdes, más sombra en toda la ciudad.

Esta sentencia por parte del Tribunal Federal es una oportunidad para una nueva propuesta; quizá sí se necesita un Cablebus, porque sinceramente, los autobuses que quedaron después de la verificación se mantienen hasta su madre de llenos y como ciudadano promedio solo te toca esperar no ser el pasajero bandera, pero ese proyecto debe aportar mucho más de lo que pretendía en un principio.

Tenemos internet, tenemos IA, podemos ver en YouTube cómo en otras ciudades existe un proyecto urbano de movilidad para peatones y ciclistas, calles con árboles. En Brasil, Polonia, Reino Unido existe algo llamado sistema de transporte público gratuito. Y aquí todavía estamos peleando porque no nos tumben tres árboles. Estamos en niveles de discusión que parecen sacados de una junta vecinal en 1985.

Los poblanos tan solo queremos un cambio de paradigma hacia proyectos que no solo sean eficientes, sino también ecológicos e inclusivos, con Cablebus o sin Cablebus.