Tomás acudió a la Fiscalía de Lerma, Estado de México, para denunciar un homicidio. Minutos después fue detenido y acusado del mismo crimen. Aunque le aseguraron que quedaría libre en 72 horas, terminó en el penal de Santiaguito y un año más tarde fue sentenciado a 44 años de prisión.
TORTURA Y FALTA DE DEFENSA
Tomás relató que dentro de la Fiscalía fue golpeado y torturado. Nunca se le notificó formalmente de su detención ni se le garantizó un abogado defensor adecuado. Su sobrino confesó posteriormente ser el verdadero responsable, pero aun así Tomás permaneció tras las rejas.
Carmen, su esposa, vendió un terreno para pagar abogados privados que nunca lograron liberarlo. Mientras luchaba por demostrar su inocencia, enfrentó otra tragedia: la muerte de su única hija, quien soñaba con ser abogada para defender a su padre.
LA AMNISTÍA Y LA LIBERTAD
Tras casi 13 años en prisión, el 17 de febrero de 2026 Tomás recuperó su libertad gracias a la intervención de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem), que acreditó violaciones a sus derechos y la falta de traductor por ser originario de un pueblo indígena.
Hoy, a sus 52 años, Tomás enfrenta el reto de reintegrarse a una sociedad que cambió durante su ausencia. “El teléfono ya no lo sé usar… se borra todo de tu mente, te quedas atrasado en el tiempo”, confesó. Planea retomar el comercio junto a su esposa, aunque con la ausencia irreparable de su hija.