El enigma que nunca duerme: el asesino del Zodiaco, 5 décadas de misterio

A finales de los años 60, una serie de asesinatos y cartas cifradas convirtió al llamado “Zodiac” en la pesadilla mediática de la Bahía de San Francisco. Medio siglo después sigue siendo fuente de libros, podcasts y teorías que se alimentan del mismo misterio: ¿quién era y por qué hablaba con la prensa?

Los crímenes atribuidos al Zodiac ocurrieron entre diciembre de 1968 y octubre de 1969. Las investigaciones establecen cinco homicidios confirmados (y dos sobrevivientes que relataron los ataques), además de otras muertes y casos que algunos atribuyen al mismo autor. La figura del asesino se confirmó sobre todo por los detalles que el propio autor reveló en sus cartas a los diarios.

CARTAS, CIFRADOS Y PROVOCACIONES

Lo que hizo único al caso no fueron solo los ataques, sino la campaña de comunicación del asesino: cartas a periódicos, recortes, amenazas públicas y varios cifrados. Uno de esos criptogramas, conocido como Z340, permaneció sin resolver durante 51 años hasta que en 2020 un equipo internacional de aficionados y expertos logró descifrarlo —aunque el mensaje descifrado no entregó la identidad del autor, solo reforzó el tono burlón y ritual del remitente.

A lo largo de las décadas han surgido decenas de sospechosos y teorías: desde investigadores oficiales que apuntaron a Arthur Leigh Allen, hasta equipos de cazadores de incógnitas que en 2021 señalaron a Gary Francis Poste como posible autor. Ninguna de estas afirmaciones ha culminado en una confirmación judicial o policial que cierre el caso; las autoridades mantienen abierta la investigación.

¿POR QUÉ NOS OBSESIONA?

El caso Zodiac mezcla elementos irresistibles para la cultura popular: violencia inexplicable, pistas públicas, un juego de intelecto mediante cifrados y el abismo de lo desconocido. Esa mezcla alimenta documentales, novelas y una industria del true crime que vuelve el misterio a la vez repulsivo y magnético.

Hablar del Zodiac desde el entretenimiento es fácil; cerrarlo como historia es imposible mientras la identidad permanezca sin veredicto. La fascinación pública persiste, pero también la obligación ética: recordar a las víctimas y evitar la glamorización del crimen. Hasta que la evidencia hable con claridad, el Zodiac seguirá siendo un recordatorio de que algunos enigmas no entregan su verdad tan fácilmente.