El 25 de febrero de 1957 fue hallado en un terreno arbolado de Fox Chase, Filadelfia, el cuerpo desnudo, golpeado y malnutrido de un niño metido dentro de una caja de cartón para moisés —la imagen y el misterio dieron lugar a una de las investigaciones policiales más recordadas de la región.
Tras décadas como “America’s Unknown Child” o “Boy in the Box”, la víctima fue identificada públicamente el 8 de diciembre de 2022 como Joseph Augustus Zarelli, un niño nacido en enero de 1953. La identificación se logró gracias a pruebas de ADN y a la investigación génica forense (investigative genetic genealogy), después de que parientes aportaran perfiles genéticos que permitieron a los investigadores reconstruir el árbol familiar y confirmar su identidad.
Las autoridades informaron que los padres biológicos de Joseph ya habían fallecido y que tenía hermanos vivos; por respeto a la privacidad de la familia, se pidió discreción sobre ciertos detalles. Tras la identificación, Joseph recibió una nueva lápida conmemorativa en Ivy Hill Cemetery, en un acto que buscó darle nombre y dignidad a la víctima después de seis décadas.

LA INVESTIGACIÓN SIGUE ABIERTA — SIN IMPUTADOS PÚBLICOS
Aunque la identificación marcó un avance decisivo, el homicidio sigue siendo un caso activo. La policía declaró tener “sospechas” sobre posibles responsables, pero no ha divulgado acusaciones formales ni detenciones públicas derivadas de la nueva información. Las autoridades siguen recabando pruebas y testimonios con la esperanza de llevar a la justicia a los culpables.
El caso del “Boy in the Box” combina elementos que atraen al público: el misterio sin resolver, las imágenes de época que recorrieron miles de folletos y periódicos, el trabajo comunitario de detectives aficionados y profesionales, y el inesperado papel de la genealogía genética moderna para poner nombre a una vida perdida. Para un medio digital de entretenimiento, la historia permite abordar no solo el crimen en sí, sino también cómo la cultura popular, los medios y la ciencia forense cambian la manera en que contamos —y, a veces, resolvemos— viejos enigmas.