El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un distanciamiento definitivo con la congresista Marjorie Taylor Greene, quien había sido una de sus aliadas más visibles en los últimos años. Trump la calificó como “Wacky Marjorie” y advirtió que apoyará a un contrincante que compita contra ella en las elecciones legislativas de 2026, siempre que considere que “la persona correcta” se presente.
CONTEXTO DE LA TENSIÓN
La relación entre ambos se había deteriorado en los últimos meses. Trump acusó a Greene de adoptar posturas “Far Left” y de limitarse a “quejarse” en lugar de aportar soluciones. También señaló que dejó de responder sus llamadas por considerarlas demasiado insistentes.
Marjorie Taylor Greene reaccionó en la red social X, afirmando que Trump la “atacó y mintió”. Según ella, el detonante fue un mensaje que envió al presidente sobre la liberación de archivos relacionados con Jeffrey Epstein. Greene defendió que siempre ha apoyado a Trump con recursos, tiempo y trabajo político, incluso cuando otros republicanos se alejaron de él, pero aclaró que “no lo adora ni lo sirve”.
ESCENARIO POLÍTICO
La ruptura se produce en un momento en que Trump busca consolidar su liderazgo dentro del Partido Republicano rumbo a las elecciones de medio término de 2026. Greene, por su parte, había intentado ajustar su perfil político y marcar diferencias con algunos líderes republicanos, lo que profundizó el distanciamiento.

CONSECUENCIAS INMEDIATAS
Trump afirmó que “muchas personas” lo han contactado para competir contra Greene, sugiriendo que ella “perdió una reputación conservadora importante”. Esto abre la posibilidad de que la congresista enfrente un rival fuerte respaldado directamente por el presidente en su distrito.
Más allá de la disputa personal, el episodio refleja las tensiones internas dentro del Partido Republicano, donde figuras que antes fueron cercanas a Trump pueden convertirse en adversarios. La ruptura con Greene se convierte en un símbolo de cómo la lealtad política dentro del movimiento trumpista no es incondicional y puede fracturarse cuando surgen diferencias estratégicas o ideológicas.