Ríos y la solidaridad desbordan Veracruz

Por José García Sánchez

Las lluvias intensas han cambiado hasta los cauces de los ríos en Veracruz, lo que no es negociable, ni siquiera con la naturaleza es la convicción de la transformación, a pesar de vientos, huracanes y tormentas.
El gobierno de Veracruz da muestra de largas y productivas jornadas de trabajo ahora se aboca a mitigar los daños que la naturaleza impone trabajando bajo presión y sobre el lodo. La coordinación de estas tareas la encabeza la gobernadora del estado, Rocío Nahle, quien en varios días no ha dormido, tratando de ganarle la carrera al fenómeno natural que arremete contra la gente, sus casas, sus bienes y su patrimonio.
Los precursores de la guerra sucia contra la entonces candidata ni siquiera quieren mojarse las suelas de los zapatos. Se dicen investigadores de internet y son incapaces de dar a conocer las condiciones de los vulnerables, con quienes habitualmente tienen muy poco contacto.

Ellos van a lo suyo, así como cobraron durante la campaña y ahora nostálgicos por el Fonden, de cuyos fondos algo les tocaba, ahora son insensibles al dolor humano y ni siquiera advierten que “La Zacatecana”, apodada más por agresión que por identidad, ahora ayuda a sus paisanos veracruzanos arriesgando la vida, actividad que ningún gobernador había realizado en tiempos de desastre natural en la historia de la entidad.

Qué puede importarle a los funcionarios públicos las críticas sobre las fantasías de los contrincantes electorales cuando han entrado a convivir con los damnificados a compartir el frío, el hambre, desesperación.
En la campaña se caminó sobre aguas turbias de la corrupción y se triunfó a pesar de la insistencia de los necios, ahora la naturaleza es superior pero la voluntad de la gente es superior y toca con los dedos la esperanza de nuevo.
Sin excepción los trabajadores del gobierno del estado acuden a salvar los bienes de los afectados, convencidos de que es parte de su trabajo.
La oposición en Veracruz y en el resto del país muestra la insensibilidad que el caracteriza, piensa que apoyar a los pobres es solidarizarse con el gobierno. Es bueno que haya esa identificación desde la gélida distancia de la indiferencia, pero es muestra de su divorcio con las personas que sólo utilizan en los discursos, pero que nunca se acercan a saludar.
Los opositores esperan a que se calmen las lluvias para empezar a criticar que no fue suficiente y a seguir suspirando nostálgicos por el Fonden, donde a todos les tocaba algo de dinero, menos a los damnificados.
La solidaridad se ha desatado desde diferentes puntos del país, para apoyar a miles de personas que se han quedado sin su patrimonio. Han sucumbido ante la fuerza de las lluvias, casas, automóviles, enseres y los animales que eran parte del sustento de campesinos han sido arrastrados por la corriente de los ríos desbordados.
Las siembras que implican meses de trabajo de sol a sol ahora han desparecido y ni siquiera existe manera de volver a empezar algo que no acaba de hacer sentir su fuerza.
Innegable la disposición de las más altas autoridades del estado que con convicción y sin solicitar reflectores ni cámaras, aparecen sucios, despeinados y agotados aparecen como un afectado más entre el lodo, sin siquiera mirar a la cámara como sucedía hace todavía unos años.